viernes, 25 de noviembre de 2011

Mañana de ira, llave de radios y noche de paz

Pequeñas y continuas gotas de lluvia me iban cubriendo el casco de perlas efímeras, que se deshacían y resbalaban por la punta de su visera hasta mi nariz, donde yo las soplaba por verlas saltar al ritmo del pedaleo. Otra parte del sirimiri caía sobre los surcos de mi pantalón de pana, y, a su través, me iba calando la piel y enfriando los huesos. Y, desde el carril bici, las gotas sucias de la cuneta se unían a sus compañeras paracaidistas con grandes salpicones de júbilo cada vez que mis ruedas surcaban uno de los muchos charcos del camino.

Seca y a salvo en casa, la lluvia quedó confinada al otro lado de los cristales, pero aun desde allí sentía su llamada hipnótica, que iba sembrando de melancolía mis pensamientos. Esa tarde –como me ha ocurrido casi siempre cuando llegan las lluvias del otoño- la dediqué a hacer mermelada con las últimas manzanas de la cosecha de septiembre y, a continuación, me dio por ponerme con los radios de la bici, imposible (hasta ahora) tentativa de lograr el equilibrio de las ruedas deformadas con el juego del tensa y afloja.


Equilibrio y perfección

Y es que la llave de los radios, desde que me enseñó a usarla uno de mis hermanos, siempre ha sido para mí un reto –juro, cual Escarlata O'Hara, que acabaré distinguiendo qué radios hacen par y cómo influye en el resto el aflojar o el tensar uno de ellos- y un símbolo de la vida entera de las personas y de las sociedades. Solo con la paciencia y destreza de muchos años de esfuerzo para tirar de los extremos sin fuerza y para aflojar los que corren peligro de romperse por la tensión es como han llegado a sus grandes logros las personas que esta semana han sido los protagonistas del país: los premios nacionales de literatura dramática (José Ramón Fernández), poesía (Francisca Aguirre), novela infantil y juvenil (Maite Carranza), narrativa (Marcos Giralt Torrente), historia (Isabel Burdiel) o traducción (Selma Ancira y Olivia de Miguel). La misma Alicia Alonso, mito viviente de la danza que ayer y anteayer ha estado en Valladolid, atribuye a ese mismo equilibrio, ensayado una y otra vez hasta la perfección, la sinceridad y belleza de la danza.

Pero también en las sociedades, si supiéramos –y quisiéramos- usar el completo sistema de radios y llanta (las leyes) que sostienen la rueda de las instituciones democráticas, no dejaríamos que se deformasen las relaciones entre parlamentos, gobiernos y tribunales de justicia, entre patronos y obreros, entre empresas y sindicatos, hasta provocar el surgimiento, cada cierto número de años, de generaciones indignadas que quieren barrer de la faz de cada país la basura maloliente de la corrupción, confiando en un supuesto poder catártico de las mil revoluciones que parirían personas honradas y generosas, redimidas por estructuras más humanas... para descubrir, treinta años más tarde, que también ellos han vuelto a descuidar el equilibrio y tienen la rueda tan deformada como la anterior.

El silencio del espanto y el silencio de la paz

De todas estas consideraciones me sacó el lunes la llegada de una compañera que se había encontrado, en el camino hacia el trabajo, con la policía tapando el cadáver del hombre asesinado en la calle Nicasio Pérez. El sinsentido de una muerte violenta, la rabia y la impotencia de saber que es irreversible, que nadie, por mucho poder que tenga, es capaz de devolver la vida a esa persona para que pueda volver a entrar en su coche y retomar su vida de esa mañana y regresar a la tarde con su familia, deja en suspenso muchos mecanismos de la cabeza y del corazón, paralizados por un espanto que tiñe todo lo que me encuentro: en la galería Caracol, entre las ciudades de soledad y ruina de Gaspar Francés, y desde un cuadro diminuto, cuatro turbinas eólicas muestran sus aspas afiladas como siniestra amenaza que se extiende por nuestros campos. Y en cada uno de los retratos de Ostern en la exposición "Oval" solo veo el ojo de una persona, pidiendo auxilio para ser rescatada de sucumbir engullida por un amasijo de escombros uniformes de color ocre que le roban el alma. Sin embargo, la música de John Cage que acompaña la exposición –mientras la visito suena "But what about the noise...?"- me anuncia, con su extraña mezcla de ruidos y calma, la reacción de mi instinto de supervivencia (¿y de olvido?).

Foto de Ostern en el folleto de la exposición "Oval"
Así fue. El martes, volviendo a casa ya muy de noche (eran solo las nueve), después de un largo día de lluvia y trabajo, tomó posesión del carril bici un silencio húmedo y blando que absorbía el ruido de los coches, el humo de sus tubos de escape y todo rastro de actividad. Hubiera querido que mi casa estuviera a treinta kilómetros –y no a cinco- de mi trabajo, para seguir impregnándome de la paz que transía la oscuridad.

martes, 15 de noviembre de 2011

Historias de mujeres en noviembre

 El martes volví a casa pedaleando a toda pastilla, comí en un visto y no visto y llegué a la puerta del teatro Zorrilla tres minutos antes de las cinco de la tarde, pensando que ya no encontraría sitio para ver actuar a cinco de los diez seleccionados en la segunda fase del premio Frechilla-Zuloaga. La realidad es que, aparte de los cinco miembros del Jurado, estábamos en la sala unas doce personas, a las que la suerte quiso regalarnos que la primera en actuar esa tarde fuera Marina Goshkieva, la rusa que iba a alzarse como ganadora de esta décima edición. Como no soy ninguna experta en música, desconozco si fue el acierto en la elección de las obras o su maestría y sentimiento al interpretarlas lo que me hizo disfrutar en grande y pensar: si esta no gana, ¿cómo tocará el campeón?

Marina Goshkieva en el folleto del Premio Frechilla-Zuloaga

Marina Goshkieva y el rey de los elfos

Me apunté el nombre de la obra que más me había emocionado (Erlkönig, de Schubert y Liszt) y pude comprender mejor la tristeza que transmitía cuando leí el poema de Goethe sobre el que Schubert compuso su lied para canto y piano, y Liszt escribió la versión para piano solo; una historia triste, basada en una antigua leyenda danesa, en la que el rey de los Elfos (el Erlkönig) persigue a un padre y su hijo que vuelven a casa cabalgando en una noche cerrada. El hijo ve y oye al rey de los elfos (que le susurra promesas de belleza, bienestar y riqueza para que se vaya con él), pero el padre no, e intenta serenarle diciendo que lo que ha visto es una ráfaga de niebla y lo que ha oído es el silbido del viento entre los árboles. A punto de llegar, el hijo grita porque nota que el rey elfo le ha herido; el padre desmonta y entra rápidamente en la granja llevando en brazos a su hijo, que ya está muerto.

Julie Andrews y la amiga de Puri

Al día siguiente, le conté la historia del Erlkönig a mi amiga Puri, que se cruza muchas tardes conmigo, aunque a veces no me dice nada por miedo a que me caiga de la bici si me vuelvo a mirarla. Puri canta en la Coral Támbara, que está preparando, junto con otras cinco corales vallisoletanas, un concierto navideño en el auditorio Miguel Delibes con canciones de las películas musicales más conocidas. Esta semana, cada vez que ensayaba "Climb every mountain", de Sonrisas y Lágrimas, no podía evitar que se le quebrara la voz; y no porque pensara en Julie Andrews y su crisis existencial, sino porque se acordaba de su amiga, a la que tuvieron que adelantarle el parto al detectarle un problema de placenta envejecida que ponía en peligro la vida de su hija.

"Nada más sacarle a la niña –me contaba-, que no llegó a pesar kilo y medio, mi amiga tuvo un fallo multiorgánico y se ha pasado dos días entre la vida y la muerte, más cerca del otro barrio que de este. Yo no podía remediarlo, recorría la casa como gato enjaulado, con el puño crispado en alto –a veces golpeando la pared-, cantando y gritando un verso de las contraltos en esa canción: ¡lucha y no te rindas!, ¡lucha y no te rindas!, ¡lucha y no te rindas! Hasta quedarme ronca".

El caleidoscopio de noviembre en Valladolid

Y creo que todo lo que ha pasado luego en Valladolid ha sido una respuesta al grito de guerra de Puri, hija de minero asturiano. Se han reunido aquí cocineros jóvenes de mogollón de países para preparar los mejores pinchos, entre los que ha ganado una tapa envuelta en un insólito periódico comestible lleno de buenas noticias. Los criminólogos se han acercado hasta el Museo de la Ciencia para recomendar a los malos que dejen de delinquir, que los van a pillar a todos. Los científicos salen de sus laboratorios para contarle a la gente lo que inventan para mejorar la vida y el ambiente. Renault hace planes para reformar sus instalaciones porque pronto empezará a fabricar un nuevo modelo.

Vamos, que el caleidoscopio de actividades culturales, científicas, sociales y empresariales que es Valladolid en noviembre ha aunado su voz para transmitir a Amiga madre y Amiga hija el impulso que necesitaban para responder al tratamiento de los médicos y empezar el camino de la recuperación. Y yo me he copiado todas estas buenas noticias (para releerlas en momentos de bajón) en un pincho USB que me han regalado los del Nissan Leaf por acercarme a probar su coche cien por cien eléctrico.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cementerios, luces, sombras y microcréditos


Avanzaban miles de personas por la calle central del cementerio, cargados de rosas, claveles, gladiolos y crisantemos, en una marcha festiva en la que la muerte, siendo la protagonista, había perdido su aspecto temible y era apenas un pretexto para reunirse. Se saludaban los vecinos y se abrazaban los que llevaban tiempo sin verse, quizás llegados desde ciudades distantes. Un paseo por las calles del centro (Burgos estaba precioso), el aperitivo en una de las cafeterías que hervían de gente, y la comida en familia completaron, como cada año, el rito de la fiesta de todos los Santos, en la que el recuerdo de los muertos se ha vuelto dulce de venta en pastelerías.

Antes de coger el coche para volver a Valladolid, dimos una vuelta por la inmensa plaza peatonal junto al Arlanzón en la que se ha edificado el Museo de la Evolución Humana. Y allí, mientras observábamos las orillas del río transfiguradas por el color del otoño en los árboles, nos encontramos con la otra cara de la moneda: todos los miembros de una familia amiga, haciendo compañía a la hermana mayor y a su hijo, a los que una leucemia galopante les arrebató marido y padre hace apenas medio año. Ninguno de los dos ha superado todavía el intenso dolor ni la rabia de la pérdida, quizás porque ambos trabajan a diario en la empresa que dirigía Adrián, y así, también a diario, se les clava en el alma la absurda ausencia de su risa contagiosa.

En el viaje de vuelta, la luz intermitente de la luna, que jugaba al escondite entre jirones de nubes, y los desvaídos destellos señalizadores de unas turbinas eólicas que asomaban por el norte parecían subrayar esa tristeza y reírse de la indigencia de nuestro caminar.


Ese mismo contraste entre fiesta y melancolía, entre la luz del sol y la oscuridad de la noche o de las nubes, me ha acompañado durante toda la semana. Si una mañana pasaba con la bici junto a la Electra y pensaba en el hotel de cinco estrellas que albergará ese edificio –y en los puestos de trabajo que se crearán para atender a tanto lujo y glamour-, por la tarde la pobreza salía a mi encuentro en la noticia de que el Banco de Alimentos ha sufrido una disminución drástica en las donaciones por parte de empresas y entidades. Si la web de la universidad me cuenta que ha estado en Valladolid uno de los mayores expertos europeos en química cuántica colaborando con el equipo del profesor Julio Alfonso Alonso en la investigación sobre nanopartículas, a los pocos días unos laboratorios de química se incendian y dejan una parte de la vieja Facultad de Ciencias como una casa abandonada y oliendo a chamusquina. Y si un periódico nos habla de los logros artísticos de un coro de Valladolid –el "Good News" de Gospel, que ha puesto una pica en Londres-, otro nos cuenta los desmanes que sobre otras obras de arte han perpetrado pandillas de gamberros.

"La industria de la curtiduría", de Mohammed Rakibul Hasan,
en la exposición sobre Microcréditos

Incluso en los seráficos dominios del microcrédito, que ya ha empezado su pacífica invasión de las salas de exposiciones de la ciudad, como antesala de la macrocumbre que empezará el día 14 en Valladolid, también se pelean las luces de la esperanza (a muchos desheredados y parias los microcréditos les han permitido romper el círculo de la pobreza) con las tinieblas de algunos usureros, que vuelven a soldar, con los intereses abusivos, las cadenas de la pobreza que habían roto con el capital prestado. Nos lo avisaba mi padre desde pequeñitos, cuando entraba en un sitio muy oscuro: "Esto está más negro que la conciencia de un prestamista". Ojalá muchos Muhammad Yunus lograsen anular la vigencia de ese dicho popular.

viernes, 28 de octubre de 2011

Viento en contra, decálogos empresariales y canciones sefardíes

Cumpliendo escrupulosamente las previsiones meteorológicas, el viernes comenzaron a bajar las temperaturas y el sábado despertó el horizonte bajo una sábana de nubes que anacaraba la luz fría del sol de otoño. Así que, antes de que llegasen puntuales las lluvias prometidas, me lancé a la calle –junto a los otros cincuenta mil vecinos que tuvieron la misma idea- a comprar los zapatos gorila (y unas gafas nuevas, y la lotería de navidad de la empresa, y caramelos para la garganta) con los que afrontar una temporada invernal que, curiosamente, comenzaba con viento sur, al que yo tenía catalogado como propio de las tormentas de verano.

Contra ese viento me ha tocado luchar los últimos días en la vuelta a casa, bajando un punto la marcha de la bici, cargando los hombros y haciendo polea con la cintura para encauzar la fuerza del cuerpo hacia las piernas y así no perder el ritmo del pedaleo. Quizás ese esfuerzo es el que me ha hecho percibir los acontecimientos de la semana en clave de pelea contra la adversidad. No solo las noticias que ya llevaban este sello en sí mismas, como las declaraciones de Isak Andic en el congreso de Empresa Familiar, proponiendo al futuro gobierno una hoja de ruta para combatir la crisis; o las tablas de diez mandamientos que José Rolando Álvarez, cual moisés contemporáneo, ofrecía el lunes a los jefes de su pueblo para salir airosos de la travesía por el desierto. También los demás sucedidos, incluidos los que parecían logros o buenas nuevas, los he visto con ese tinte épico de batalla de incierta fortuna.

Así, cuando Víctor Morlán, secretario de Estado de Planificación e Infraestructuras, se pasaba el miércoles por Valladolid para presentar el Corredor Atlántico de Transporte, me venía a la memoria la frustración que para las aspiraciones ferroviarias de nuestra ciudad significó la concesión a León del Centro de Control de la Alta Velocidad. Ahora, nuestra inclusión en este eje prioritario europeo supondrá una oportunidad de inversiones y desarrollo, pero antes nos tocará trabajar dos veces en las vías de conexión con los talleres: una, ahora, para conectarlos mediante los siete kilómetros de vía de tres hilos que comenzará a construirse en los próximos días (o meses); y otra, antes de dos mil veinte, para reconvertir esas vías a los anchos previstos en el corredor atlántico.

La llama eternamente perpetua y la excelencia internacional global

El mismo aire de lucha fatigosa percibo en la aparentemente feliz concesión a la Universidad de Valladolid de un campus de excelencia internacional, que me trae a la memoria un episodio de "Canción triste de Hill Street". El sargento Mick Belker (Bruce Weitz) ha visitado la tumba de su padre y vuelve disgustado porque se ha apagado la "llama perpetua" que había contratado con la funeraria para que ardiese constantemente sobre la lápida como símbolo de su cariño. Hace una reclamación, pero le contestan que la única llama con garantía anti-apagado no era la "perpetua" sino la "eternamente perpetua". Y se me antoja que la llama perpetua es la excelencia internacional "regional" (sigue trabajando así, majete, y a lo mejor llegas a conseguir el objetivo), mientras te dejan a un palmo de la verdadera ("global") excelencia internacional.


Sin embargo, bienvenido sea el préstamo de cinco millones de euros adjudicado al proyecto "Los horizontes del hombre" de las universidades de Burgos, León y Valladolid, que permitirá a la UVa realizar con Renault desarrollos importantes en las tecnologías del coche eléctrico y de otras alternativas para la movilidad de personas y mercancías con energías sostenibles.

Héroes, tumbas y canciones

Aunque, ahora que lo pienso, a lo mejor no fue la pugna contra el viento la que puso en estos días el aspecto heroico de las odiseas, sino el comienzo de la semana con dos acontecimientos singulares: el homenaje del Ayuntamiento a Red Hugh O'Donnell en el callejón de San Francisco (cerca de donde quizás está la tumba de este héroe  irlandés que murió en Simancas mientras viajaba a la corte vallisoletana para pedir a Felipe III apoyo para una nueva revuelta irlandesa contra la corona inglesa);  y la presentación de "Cantares de Tetuán", el nuevo disco con el que Joaquín Díaz y el Quarteto de Urueña recuperan trece canciones del romancero sefardí del norte de Marruecos, en las que se cuentan las gestas heroicas de Bernardo del Carpio, así como las cuitas amorosas y las intrigas palaciegas que todo cancionero ofrece para acompañar nuestros otoños e inviernos al calor de la lumbre.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Electrolineras, jardines y rostros en la luna

"Esto está chupado", pensé a la velocidad de la luz mientras esperaba los cuarenta nanosegundos que Google suele tardar en encontrarme tropocientos mil resultados satisfactorios. Pero esta vez la búsqueda "electrolineras en Valladolid" no produjo más que un escuálido racimo de declaraciones de políticos, una docena de blogs ecologistas con dos fotos del mismo punto de recarga, y un par de mapas interactivos que solo rastreaban tres de las treinta y cuatro recargadoras de coches eléctricos que dicen que existen en la ciudad. Y eso que fue en Valladolid donde se diseñó y fabricó Merlyn, la primera electrolinera de España.





Como no me desanimo fácilmente, una búsqueda indirecta me llevó a la web de la Agencia de Innovación y Desarrollo, en la que un buen localizador me situó, con calle y número exacto, 17 electrolineras. Me acerqué a la de la Plaza del Milenio y me hizo pensar que diecisiete es igual a treinta y cuatro, porque van por pares, como los mellizos. Pero no es así: en el Museo de la Ciencia solo hay una, lo mismo que en el aparcamiento de la Consejería de Educación, y en el de El Corte Inglés solo existe un bonito cartel en la pared indicando su ubicación... futura. Sin embargo, a pesar de no haber encontrado las treinta y cuatro, sí creo que estos postecillos con enchufe son el germen de un movimiento creciente, en el que, por el bien de esta tierra que ya habitan nuestros hijos, muchos seguiremos el ejemplo de Roberto San José, el taxista pionero que ha comprado el primer coche eléctrico que anda por Valladolid, y recargaremos el buga cada noche, igual que hacemos con la batería del móvil, la del portátil o las pilas de los faros de la bici.

Jardines, glamour y política

El color verde bucólico del cartel del coche eléctrico en el parking (antes de escribir parquin, me amputo el teclado) de El Corte Inglés se me había quedado enganchado en el subconsciente, y, mientras escuchaba el crujidito que hacían mis pedales al volver a casa (que no se me olvide mañana engrasar la cadena y revisar los eslabones), supe de repente por qué: me recordaba a las fotos que estos días han poblado el paisaje de nuestras noticias, ubicadas en la Arcadia feliz de cinco estrellas de los jardines del hotel A.C. Santa Ana.

Por allí, hollando con egregias sandalias y zapatos el césped inmaculado, han paseado los participantes en el foro de cultura que arropó a Azar Nafisi –novelista iraní premio de la Fundación Gabarrón- en su estancia vallisoletana. Por allí mismo, con el césped cepillado y sin las huellas de tres días antes, han paseado y posado, con un templete romántico como telón de fondo,  los números uno del Partido Socialista de Castilla y León en las listas electorales. Y los habitantes del país de la crisis reinante nos hemos preguntado si esas sonrisas digitales –presenciales no podían ser en tan recoleto y selecto apartado- tenían algo que ver con nosotros, aun correspondiendo a temas que nos interesaban de verdad.

Luna triste y Fernando Pérez Ollo

Dos esquinas antes de mi calle, la luna de verdad –ya no llena, pero igual de sangrante que hace tres noches- se me aparece y llora por la muerte, esta mañana, de Fernando Pérez Ollo, el profesor de Redacción Periodística que nos enseñó, entre el fragor de setenta Olivettis tecleando en clase, a buscar datos debajo de las piedras antes de escribir la primera línea. Esa misma luna resucita en mi recuerdo otras caras de esta semana: la de las cooperantes Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, que puede que en estos momentos estén siendo vendidas a los piratas somalíes; la de Larry Burrows, que nos saluda nada más entrar a la Sala de San Benito con el cansancio en los ojos de quien ha visto de cerca el horror de la guerra; la de Alberto Posadas, el vallisoletano Premio Nacional de Música; la de Jorge Díez y César García, que han ganado el premio de proyectos del Parque Científico de la UVa; y la de Fina García Marruz, la casi nonagenaria cubana que se ha alzado con el García Lorca de poesía, y que escribió:

"Si los poemas todos se perdiesen
el fuego seguiría nombrándolos sin fin
limpios de toda escoria, y la eterna poesía
volvería bramando, otra vez, con las albas".

lunes, 10 de octubre de 2011

Medianeras, Diputaciones y otras vecindades

Después de ajustarme el casco y colocar el tanque de agua en su soporte, leí un poco mejor la información sobre la exposición filatélica en la Cúpula del Milenio donde pensaba ver el sello de Delibes, y me di cuenta de que no podía visitarla en ese momento porque los días laborables cerraba al mediodía, así que cambié de planes y continué por el carril bici de la avenida de Salamanca en lugar de coger el ramal del Pisuerga desde la Politécnica. Si entro por Poniente -me dije- y trazo bien el recorrido, en media horita podré localizar todas las paredes medianeras que el Ayuntamiento de Pucela ha decidido decorar para mejorar el paisaje urbano.

No importa mucho si, como dicen algunos, esta iniciativa de embellecer las ciudades pintando en medianeras y rincones comenzó en Bruselas con el concejal Michel Van Roye (1991) y todo el movimiento de la Bande Desinée; o si fue en Berlin, para tapar las costuras de una ciudad que hubo que levantar de sus cenizas y cuya transformación cobró nuevo impulso con la caída -y pintura mural por famosos y desconocidos- del muro en 1989. El caso es que Valladolid toma ahora esta acertada ruta que ya han seguido en España ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Cartagena, con tratamientos tan dispares como el grafiti, los murales y trampantojos, el jardín vertical o la gigantesca pantalla de led en la Plaza de las Letras de Madrid.

Diputaciones sí, diputaciones no

Mientras observo las hermosas dimensiones y posibilidades de algunas de las medianeras a rehabilitar, sigo dándole vueltas en la cabeza a otra cuestión de vecindades que no puede resolverse con medianeras y que está ahora muy presente en Valladolid (como en toda España): la duplicidad o solapamiento de competencias entre administraciones autonómicas, diputaciones y ayuntamientos.

En medio de la refriega entre un PSOE que propone suprimir las diputaciones provinciales y un PP que responde que el motivo de esa propuesta no es el ahorro ni la coherencia en la articulación del Estado -sino el intento de cargarse unas instituciones en las que no había conseguido situarse-, la Junta de Castilla y León decidió que la mejor defensa era un buen ataque y ha lanzado su órdago de nueva ordenación del territorio desde la base del consenso y la agrupación voluntaria de los municipios.

Pablo Trillo y Jesús Julio Carnero: las dos caras de un ente llamado provincia

Sin embargo, en esta vigorosa apuesta abanderada por el Consejero de la Presidencia, desconcierta la irrupción escénica –aparentemente contradictoria con la defensa de las diputaciones- de un delegado territorial de la Junta en Valladolid que en menos de cuatro meses desde su toma de posesión –como si fuera una reencarnación de Ramiro Ruiz Medrano, o como si estuviera echando una carrera de eficiencia con Jesús Julio Carnero- se ha recorrido villas, pueblos y pedanías reuniéndose con alcaldes para, a cambio de escuchar sus inquietudes –y prometer mediar por ellas ante la Consejería competente-, predicarles el nuevo modelo de ordenación del territorio planeado por la Junta. ¿Cómo quedará en él la articulación de dos figuras tan parecidas, incluso parece ser que tan acercadas intencionadamente hasta en la escenografía?

Procurando no descuidar los frenos ni el cambio de marchas, cruzo los dedos por que nuestros políticos sepan dirigir con sensatez este proceso, que justo se llevará a cabo mientras, acunado por Richard Rogers y por León de la Riva, se toma un receso por la crisis el proyecto llamado a derrocar las dos medianeras más largas de la ciudad: las de un lado y otro de la vía.

lunes, 3 de octubre de 2011

Crisis, luz difusa y Valladolid indio

La luz del atardecer es una de las manifestaciones de la belleza que más emociona. Muchas tardes, al volver a casa, me gustaría parar la bici en mitad de una curva y quedarme contemplando el crepúsculo; a veces lo he hecho, intentando retener en mis ojos y en mi cerebro la fuerza de esa luz que saca a la superficie lo mejor y más cálido de cada realidad, pero siempre la oscuridad y el frío de la noche terminan apagando su huella o debilitando su poder, y dejan en el ánimo el sentido de la fragilidad de todo lo obtenido.

Imagen de la nueva Daily en la cabecera de la web de Iveco
Esto ocurre especialmente en tiempos de crisis. Se detiene uno a contemplar cualquier síntoma positivo de la economía –como pudo ser en esta semana pasada las previsiones de expansión del vallisoletano Grupo Norte o el remonte de la actividad en Iveco por el éxito de la nueva Daily, que permitió reincorporar al trabajo a los últimos despedidos-, y enseguida retorna la incertidumbre con una notificación repentina de la dirección de Iveco sobre cese de la producción para hoy y mañana; sombra que viene a sumarse a la nota inquietante de los despidos en Lauki y a las más amenazadoras estimaciones globales del FMI y del Banco Mundial, que alertaban del peligro de una segunda recesión mundial por la crisis de endeudamiento.

Vaticinios pesimistas y llamadas a la responsabilidad

Raman, Nobel de Física 1930
Sin embargo, hay otra manera de mirar estas mismas cosas. Por eso, Robert Zoellick y Christine Lagarde –dirigentes del Banco Mundial y del FMI- alternan estos días sus vaticinios más pesimistas con sus afirmaciones de que Japón, Estados Unidos y la Unión Europea pueden -y deben- combatir este peligro de recesión mediante la unidad y la colaboración financiera.

Y volviendo al tema de la luz, justo al año siguiente de la gran depresión mundial de 1929, recibió el Premio Nobel de Física el científico indio Chandrasekhara Venkata Raman, con un discurso titulado La dispersión molecular de la luz. El color del mar, en el que relata cómo la contemplación de "la maravillosa opalescencia azul del mar Mediterráneo" le llevó a orientar sus investigaciones hacia el estudio de las leyes que gobiernan la difusión de la luz en los líquidos. Y así descubrió lo que se llamaría la espectroscopia Raman, importantísimo avance en la física mundial.

Fernando Rull en el laboratorio (fotografía cortesía de Dicyt)
El descubrimiento de Sir C.V. Raman se ha hecho especialmente presente estos días en Valladolid -con la entrega del premio de investigación del Consejo Social de la UVa al profesor Fernando Rull por su espectrómetro Raman, que será el instrumento esencial de la misión Exomars de la Agencia Espacial Europea y de la NASA para encontrar vida en Marte-, en unas semanas marcada por la presencia de la India en nuestra ciudad: presentación de libros y películas de autores y directores indios, ciclo de actividades culturales dedicado al 150 aniversario del nacimiento de Rabindranath Tagore, conmemoración del nacimiento de Mahatma Gandhi en el día de la no violencia...

La Casa de la India acerca a Valladolid la figura de Tagore
Lo que daría por tener un buen espectrómetro Raman que proyectase su luz sobre el Museo de Escultura y pudiera informarme de la verdadera naturaleza física y química de la decisión sobre su ampliación y fusión con el Museo de Reproducciones Artísticas. Como no lo tengo, seguiré debatiéndome en la duda.